El secreto pagano del Camino de Santiago
El origen del Camino de Santiago es muy anterior al nacimiento de Jesucristo, y hay que buscarlo en el paraíso de la religión celta, conocido como la Tierra de la Juventud
La creencia de los antiguos celtas en que la enigmática tribu de los Tuatha Dé Danann –que llevó el la religión druídica a Irlanda– provenía de una isla en el norte del mundo, hizo que identificaran el paraíso precisamente con unas tierras en medio de los mares, a las cuales van a parar los espíritus de los fallecidos. Era la Tierra de la Juventud, un lugar de infinita felicidad en el que abundaban los manjares, moraban hombres y mujeres de gran belleza y, sobre todo, no existía la enfermedad ni se envejecía. Este «Paraíso celta» se encontraba más allá del extremo occidental del mundo, en el fin de la tierra. Es decir, en el Finisterre.
El mapa para llegar al límite último de la Tierra se encontraba en los cielos; era la Vía Láctea, el camino astral que seguían las almas de los muertos para llegar al «otro mundo», a la Tierra de la Juventud. Y estas almas podían verse en las noches simplemente prestando atención a las alturas. De vez en cuando, el espíritu de algún fallecido cruzaba a toda velocidad siguiendo el sendero de la Vía Láctea para llegar a la Tierra de la Juventud. Nos estamos refiriendo, claro está, a las estrellas fugaces. Probablemente por esa razón todavía pervive en nuestros días la costumbre de pedir algún deseo cuando vemos pasar ante nuestros ojos uno de estos cuerpos celestes. Y es que si la estrella es un alma que va al Paraíso, no tendrá inconveniente en llevar nuestra petición a los dioses. Todavía en pleno siglo XXI, en algunas zonas de Galicia y el norte de Portugal, existe la costumbre de exclamar tres veces «Dios te guíe» cuando alguien ve una estrella fugaz.
Lo explicado anteriormente es a muy grandes rasgos el origen de lo que hoy conocemos como camino de Santiago. Una tradición, no hace falta repetirlo, con miles de años de antigüedad, pero que fue cristianizada como muchos otros ritos y creencias paganas. Porque, como sabe cualquier peregrino bien informado, el camino no termina en Santiago de Compostela, sino en Finisterre.
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